Print
Rate this article
(no votes)
 (0 votes)
Share this article
Igor Ivanov

President of the Russian International Affairs Council (RIAC), Minister of Foreign Affairs of the Russian Federation (1998–2004)

La tragedia del Boeing-777 derribado en el espacio ucraniano demuestra hasta qué punto crítico ha llegado la crisis en este país y la necesidad de medidas urgentes para parar la violencia y empezar negociaciones políticas.

La víspera de este suceso, el 16 de julio, los líderes europeos se reunieron en Bruselas en una cumbre extraordinaria de la Unión Europea y, entre otras cuestiones importantes, hablaron de un nuevo paquete de sanciones a Rusia. Oficialmente, las sanciones tienen como objetivo presionar a Rusia para que asuma un papel más activo en la resolución de la crisis ucraniana. Pero, en realidad, los dirigentes europeos y sus homólogos estadounidenses saben perfectamente que sus sanciones no tienen nada qué ver con la actual crisis de Ucrania. Lo que pretenden es ocultar su incapacidad para ayudar al pueblo de Ucrania en la superación de esta profunda crisis y tratan de traspasar la responsabilidad a Rusia.

Estos pensamientos vienen involuntariamente a la mente cuando se observan los trágicos acontecimientos de Ucrania con sentimientos de dolor y de alarma. Antes o después (aunque esperemos que sea pronto), terminarán las hostilidades en el país. Sin embargo, la historia ha demostrado que todas las guerras y, especialmente, las guerras civiles, en las que los hermanos se matan entre ellos, dejan cicatrices profundas en el cuerpo social. Curar esas cicatrices, si es que llegan a curarse, es un proceso largo y doloroso.

Responsabilidad del conflicto

Se debatirá durante mucho tiempo la cuestión de quién ha sido el responsable de esta tragedia y cómo es que ha podido estallar una guerra fratricida en el centro de Europa en pleno siglo XXI. Y puesto que nadie puede sobrellevar el peso de semejante maldición, los intervinientes tratarán de echar la culpa a sus vecinos o a sus adversarios políticos. No obstante, esas acusaciones y denuncias recíprocas no van a mejorar la situación de nadie. Todos nosotros, los ucranianos y sus vecinos, tendremos que responder inevitablemente a la gran pregunta: ante la encrucijada histórica de Ucrania en estos momentos, ¿qué futuro le espera?

Aunque los actuales dirigentes ucranianos sostienen que el país ha dejado clara su elección a favor de Europa, ésta es en gran medida una declaración retórica: a fin de cuentas, antes de poder "sumarse a Europa" o a cualquier otro lugar, Ucrania debe consolidarse plenamente como país y como sociedad. Ésta es la razón por la que el país se enfrenta a una elección enormemente difícil: o bien se embarca en el largo y doloroso camino de restaurar la unidad nacional, dotarse de instituciones democráticas, resolver sus problemas socioeconómicos y llevar a cabo una política exterior equilibrada o, de lo contrario, degenerará en un Estado fallido, con todas las graves consecuencias que eso acarrearía para la propia Ucrania y para Europa en su conjunto.

De más está decir que todos los políticos sensatos y responsables, así como ciudadanos de a pie, tanto en Ucrania como fuera de sus fronteras, no deberían desear para ese país otras cosas que no sean la paz y la superación de las espantosas consecuencias de esta terrible tragedia.

Por supuesto, la principal responsabilidad de la resolución de la crisis recae en primer lugar sobre los políticos que han llegado al poder en Ucrania. Tendrán que rendir cuentas, no tanto de la forma en que se han hecho con el poder, y ni siquiera por lo que prometieron a sus ciudadanos, sino de qué tipo de país van a transmitir a las nuevas instituciones democráticas de gobierno que con el tiempo los sustituirán.

¿Están las actuales autoridades ucranianas capacitadas para responder a este reto histórico sin ayuda de nadie? Probablemente no. Carecen de la legitimidad necesaria, de instituciones y de recursos. Ahora bien, lo más importante es que carecen de la confianza de al menos parte de la población ucraniana.

La Unión Europea, un polémico 'salvavidas'

¿Es justo esperar que el Acuerdo de Asociación que Ucrania ha firmado recientemente con la Unión Europea, y que estuvo acompañado de tanta fanfarria, sea capaz de rescatar a ese país de su crisis actual? Por supuesto, al firmar ese documento, la UE se echó sobre los hombros una gran responsabilidad política y moral de cara al futuro de Ucrania. Corresponde a Bruselas evaluar si puede llevar esa carga, aunque las reacciones iniciales indican que la mayoría de los europeos están horrorizados ante la perspectiva de tener que pagar la deuda de Ucrania, además de la suya propia. En tales circunstancias, sólo los esfuerzos conjuntos de la comunidad internacional pueden salvar Ucrania.

Con sólo paños calientes no se va a poder resolver un problema de esta magnitud y complejidad. Y, si bien la creación de un Grupo de Contacto, en el que ya hay negociaciones en marcha, es un paso en la dirección correcta, ya se está viendo que no es lo más adecuado para lo que hay qué hacer. Hace mucho tiempo que la crisis de Ucrania se ha extendido más allá de las fronteras de ese país y está empezando rápidamente a parecerse a la reciente tragedia de los Balcanes. Regiones enteras han quedado arrasadas y el número de víctimas civiles aumenta de manera espectacular a medida que se propaga la confrontación armada con aviones, carros de combate, artillería y lanzadoras diversas de cohetes.

Una conferencia de alto nivel

La magnitud de la tragedia requiere la convocatoria urgente de una conferencia internacional de alto nivel sobre Ucrania. Esa reunión, que se celebraría bajo los auspicios de Naciones Unidas o de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, debe contar con la participación de Ucrania, Rusia, los principales estados europeos y Estados Unidos. El programa debe abordar una pregunta muy concreta: ¿de qué manera podemos trabajar todos juntos para salvar Ucrania?

De esa conferencia debería salir un plan de trabajo detallado y completo de la crisis, junto con unas prioridades dentro de un plan de acción que incluya plazos para la prestación de asistencia exterior y estrictas medidas externas de control para la ejecución de los puntos previamente acordados. Los procedimientos para la aplicación de ese plan programado han de ser tan transparentes y democráticos como sea posible y han de involucrar a todo el espectro de fuerzas políticas con responsabilidades y a todas las regiones del país. Sólo una acción concertada de estas características será capaz de aislar con éxito a los extremistas del interior de Ucrania, por una parte, y de lograr, por el otro, el entendimiento mutuo y la confianza de los principales actores internacionales.

Con una Ucrania actualmente en la encrucijada, es nuestro deber trabajar juntos para ayudar a que el país tome la decisión correcta.

Source: El Mundo

Rate this article
(no votes)
 (0 votes)
Share this article
 
For business
For researchers
For students